¿Por qué todos odian a Freud? Una revisión integradora de las críticas científicas, histórico-culturales y epistemológicas al psicoanálisis freudiano

Why does everyone hate Freud? An integrative review of scientific, historical-cultural and epistemological critiques of Freudian psychoanalysis

Blanca María Palma Toloza

Universidad de Las Américas, Santiago, Chile
bpalmatoloza@gmail.com
https://orcid.org/0000-0001-9282-2498

Recibido: 2026-05-08
Aceptado: 2026-05-11
Publicado: 2026-05-15

DOI: https://doi.org/10.63862/rhs-v1n2-17-28-2026

Resumen

El presente artículo realiza una revisión integradora de las principales objeciones dirigidas a la obra de Sigmund Freud (1856-1939) y al edificio teórico del psicoanálisis clásico. Se articulan tres líneas de análisis complementarias: (a) las objeciones científicas y epistemológicas, centradas en la falta de falsabilidad, los problemas metodológicos del método clínico y la escasa evidencia empírica de constructos como la pulsión de muerte o el complejo de Edipo; (b) las lecturas histórico-culturales, que sitúan al psicoanálisis en el contexto de la Viena finisecular y revelan sesgos de clase, género y etnocentrismo; y (c) las críticas feministas contemporáneas, que cuestionan la construcción freudiana de la feminidad, la envidia del pene y el lugar subordinado de la mujer en la teoría. A partir de una revisión narrativa de literatura especializada indexada, se sostiene que el rechazo a Freud no responde a una única causa, sino a una convergencia histórica de factores: la consolidación de la psicología científica experimental, el desarrollo de las neurociencias, los estudios culturales y el giro feminista en ciencias humanas. Se concluye que, pese a sus limitaciones, el legado freudiano conserva valor heurístico para la comprensión de la subjetividad, con implicaciones tangenciales para campos aplicados como la educación de la primera infancia.

Palabras clave

Freud; psicoanálisis; epistemología; crítica feminista; falsabilidad; historia de la psicología.

Abstract

This article presents an integrative review of the main objections raised against the work of Sigmund Freud (1856-1939) and the theoretical edifice of classical psychoanalysis. Three complementary lines of analysis are articulated: (a) scientific and epistemological objections, focused on the lack of falsifiability, methodological problems of the clinical method, and scarce empirical evidence for constructs such as the death drive or the Oedipus complex; (b) historical-cultural readings, which place psychoanalysis within the context of fin-de-siècle Vienna and reveal biases of class, gender, and ethnocentrism; and (c) contemporary feminist critiques, which question the Freudian construction of femininity, penis envy, and the subordinate place of women in the theory. Based on a narrative review of specialized indexed literature, it is argued that the rejection of Freud does not respond to a single cause, but to a historical convergence of factors: the consolidation of experimental scientific psychology, the development of neurosciences, cultural studies, and the feminist turn in the human sciences. It is concluded that, despite its limitations, the Freudian legacy retains heuristic value for understanding subjectivity, with tangential implications for applied fields such as early childhood education.

Keywords

Freud; psychoanalysis; epistemology; feminist critique; falsifiability; history of psychology.

Introducción

Pocos autores en la historia de las ciencias humanas han generado una polarización tan persistente como Sigmund Freud. Reconocido como uno de los pensadores más influyentes del siglo XX, su figura ha oscilado entre la veneración casi mítica de las escenas psicoanalíticas clásicas y el rechazo visceral proveniente de campos diversos como la psicología experimental, la neurociencia cognitiva, los estudios feministas y la filosofía de la ciencia. La pregunta que da título a este artículo -¿por qué todos odian a Freud?- no pretende, por supuesto, postular una animadversión universal real, sino visibilizar un fenómeno cultural y académico llamativo: la acumulación sostenida, a lo largo de más de un siglo, de críticas provenientes de frentes epistemológicos muy disímiles que, pese a sus diferencias internas, convergen en un mismo gesto de distanciamiento respecto del corpus freudiano.

Esta convergencia crítica se ha intensificado particularmente desde la segunda mitad del siglo XX, cuando la denominada Freud wars norteamericana (Crews, 1995) y los estudios historiográficos revisionistas europeos pusieron en duda no solo la consistencia teórica del psicoanálisis, sino también la veracidad de los casos clínicos fundacionales y la integridad científica del propio Freud. A estas objeciones se sumaron las críticas feministas de segunda y tercera ola (Mitchell, 1974; Irigaray, 1985), las revisiones epistemológicas popperianas (Popper, 1963/2002) y, más recientemente, los cuestionamientos provenientes de las neurociencias y la psicología basada en evidencia.

El presente trabajo se propone realizar una revisión integradora de estas tres grandes líneas críticas -científico-epistemológica, histórico-cultural y feminista- con el fin de ofrecer una comprensión articulada del fenómeno. La relevancia de esta tarea radica en que, aun cuando Freud ha sido ampliamente cuestionado, su vocabulario conceptual (inconsciente, represión, transferencia, pulsión) sigue presente en la cultura contemporánea y en diversas prácticas clínicas y educativas, incluyendo las orientadas a la primera infancia. Comprender las razones de su rechazo académico es, por tanto, una condición para un uso responsable y crítico de su legado.

El artículo se estructura en cinco secciones. Tras esta introducción, se detalla la metodología de la revisión narrativa realizada. La tercera sección desarrolla el análisis integrador de las tres vertientes críticas. La cuarta discute los alcances y limitaciones del rechazo contemporáneo a Freud, incluyendo una mención tangencial a su impacto en la educación de la primera infancia. Finalmente, se presentan las conclusiones y líneas de investigación futura.

Metodología

Se empleó un diseño de revisión narrativa integradora (Torraco, 2016), orientado a sintetizar conocimiento disperso en múltiples tradiciones disciplinarias -psicología, filosofía de la ciencia, historia intelectual y estudios de género- en torno a un objeto común: las críticas dirigidas al psicoanálisis freudiano. A diferencia de la revisión sistemática, la revisión narrativa integradora permite articular literatura conceptual y empírica heterogénea, resultando particularmente apropiada cuando el objeto de estudio cruza fronteras disciplinares.

La búsqueda bibliográfica se realizó en las bases de datos Scopus, Web of Science, SciELO y PsycINFO, utilizando combinaciones de los descriptores Freud, psychoanalysis, critique, falsifiability, feminist critique, scientific status y history of psychology, en inglés y español. Se priorizó literatura publicada entre 1960 y 2025, con inclusión selectiva de fuentes clásicas anteriores (Popper, 1963; Grünbaum, 1984) por su relevancia canónica. Los criterios de inclusión consideraron: (a) artículos en revistas indexadas con revisión por pares, (b) monografías académicas de editoriales universitarias, y (c) obras de referencia en historia y filosofía del psicoanálisis.

El análisis se organizó mediante categorización temática en tres ejes: crítica científico-epistemológica, crítica histórico-cultural y crítica feminista-epistemológica. Se triangularon las fuentes para identificar puntos de convergencia y tensiones internas dentro de cada corriente crítica.

Resultados: tres frentes críticos al edificio freudiano

1. La crítica científico-epistemológica: el problema de la falsabilidad

La objeción más citada contra el psicoanálisis freudiano proviene de la filosofía de la ciencia y se cristaliza en la obra de Karl Popper. Para Popper (1963/2002), una teoría es científica en la medida en que sea falsable, es decir, susceptible de ser refutada por la experiencia. El psicoanálisis, según este autor, exhibiría la característica opuesta: su aparente poder explicativo se deriva precisamente de su capacidad para acomodar cualquier observación dentro de su marco interpretativo. Un mismo comportamiento -por ejemplo, rechazar una figura de autoridad o aceptarla- puede leerse como expresión o como formación reactiva del complejo de Edipo. Esta plasticidad interpretativa, lejos de constituir una virtud, representa para Popper un defecto epistémico fundamental.

Adolf Grünbaum (1984), en su influyente obra The Foundations of Psychoanalysis, matizó la objeción popperiana señalando que algunas hipótesis freudianas sí serían falsables en principio, pero que el problema residiría en la calidad de la evidencia clínica con que Freud pretendió sostenerlas. La llamada tally argument -la idea de que las interpretaciones analíticas se validan por su efecto terapéutico- resultaría circular, pues el efecto terapéutico también podría explicarse por variables inespecíficas como la sugestión, el efecto placebo o el vínculo terapéutico. Investigaciones posteriores en psicoterapia basada en evidencia (Wampold & Imel, 2015) han confirmado que los factores comunes explican una proporción sustantiva de la eficiencia terapéutica, debilitando las pretensiones específicas del psicoanálisis clásico.

A este flanco se han sumado críticas provenientes de la neurociencia cognitiva y afectiva. Autores como Kandel (1999) reconocieron el valor heurístico de Freud al postular procesos mentales no conscientes, pero subrayaron que la concepción freudiana del inconsciente -dinámico, reprimido, cargado de contenidos sexuales- difiere sustancialmente del inconsciente cognitivo documentado empíricamente, caracterizado por procesamientos automáticos, implícitos y distribuidos (Kihlstrom, 1987). La distinción entre ambos inconscientes ha sido clave para el reposicionamiento contemporáneo del debate: no se niega la existencia de procesos no conscientes, sino la particular arquitectura freudiana que los ordena.

2. La crítica histórico-cultural: Freud en su tiempo

Una segunda vertiente crítica, emergente desde la historia intelectual y los estudios culturales, ha mostrado que el psicoanálisis no es una teoría universal de la mente, sino un producto históricamente situado de la Viena finisecular. Carl Schorske (1980), en su clásico Fin-de-siècle Vienna, mostró cómo las preocupaciones freudianas respecto de la sexualidad, la autoridad paterna y la neurosis burguesa respondían a tensiones específicas de la sociedad vienesa de la época: el declive del liberalismo, la crisis de la familia patriarcal y los conflictos identitarios de la burguesía judía asimilada.

La historiografía revisionista, representada entre otros por Frank Sulloway (1979) y Henri Ellenberger (1970), ha documentado que muchas de las innovaciones atribuidas a Freud tenían precedentes en la tradición francesa (Charcot, Janet) y alemana (Fechner, con Hartmann), y que la construcción mitológica del héroe solitario del inconsciente formó parte de una estrategia deliberada de legitimación del movimiento psicoanalítico. Investigaciones archivísticas posteriores (Borch-Jacobsen & Shamdasani, 2012) han puesto en cuestión, además, la fidelidad de los relatos freudianos sobre sus casos clínicos fundacionales -Anna O., Dora, el Hombre de los Lobos-, revelando discrepancias significativas entre las historias clínicas originales y las reelaboraciones publicadas.

A esta dimensión se suma la crítica etnocentrista. La pretensión de universalidad de constructos como el complejo de Edipo ha sido objetada desde la antropología cultural desde los estudios pioneros de Malinowski (1927) en las islas Trobriand, donde las estructuras familiares matrilineales parecían invalidar la centralidad del padre edípico. Esta línea crítica ha sido retomada por la antropología contemporánea, que ha mostrado la variabilidad transcultural de las configuraciones familiares, de los regímenes de género y de los modos de subjetivación infantil, poniendo en entredicho el modelo freudiano como paradigma universal.

3. La crítica feminista: la construcción patriarcal de la feminidad

La tercera gran línea crítica proviene del pensamiento feminista. Desde las intervenciones tempranas de Karen Horney (1926) y Clara Thompson (1943) dentro del propio campo psicoanalítico, hasta las elaboraciones de la segunda ola feminista (Friedan, 1963; Millett, 1970), la teoría freudiana de la sexualidad femenina ha sido objetada por reproducir y legitimar supuestos patriarcales. La noción de envidia del pene, el carácter derivado de la sexualidad femenina respecto de la masculina, y la descripción de la mujer como un hombre incompleto han sido leídas como expresiones teóricas de la ideología de género dominante en la Europa decimonónica.

La crítica feminista no ha sido, sin embargo, monolítica. Juliet Mitchell (1974), en Psychoanalysis and Feminism, propuso una lectura del psicoanálisis no como descripción naturalizante, sino como análisis de las estructuras simbólicas de patriarcado. Desde el feminismo francés, Luce Irigaray (1985) y Julia Kristeva (1980) realizaron apropiaciones críticas de Lacan y Freud, mientras que autoras como Nancy Chodorow (1978) reformularon la teoría del desarrollo psicosexual a partir de la función materna, desplazando el eje paterno-edípico.

En la actualidad, los estudios de género y la teoría queer (Butler, 1990) han profundizado la crítica del binarismo sexual subyacente a la teoría freudiana y a la concepción heteronormativa del desarrollo psicosexual. La patologización freudiana de la homosexualidad, aunque matizada por el propio Freud en su Carta a una madre americana (1935), fue operativa en la exclusión histórica de las sexualidades disidentes del campo de la normalidad psíquica, contribuyendo a una larga historia de daño clínico documentada en la literatura especializada (Drescher, 2015).

Discusión

Los resultados de esta revisión permiten afirmar que el rechazo contemporáneo a Freud no obedece a una causa única, sino a una convergencia de factores históricos, epistémicos y políticos. La consolidación de la psicología experimental y de las neurociencias proveyó criterios de cientificidad que el psicoanálisis difícilmente podía satisfacer, la historiografía revisionista erosionó la mitología fundacional; y el pensamiento feminista reveló los sesgos ideológicos inscritos en el corpus teórico. A ello se suma un factor institucional: la profesionalización de la psicología clínica y la emergencia de terapias breves y manualizadas han desplazado al psicoanálisis clásico hacia los márgenes de la práctica asistencial (Paris, 2017).

Sin embargo, sería apresurado concluir que Freud carece hoy de valor. Diversos autores contemporáneos han propuesto lecturas no dogmáticas de su obra que rescatan su potencia heurística sin suscribir la totalidad del edificio teórico. El neuropsicoanálisis (Solms, 2018) ha buscado diálogos fecundos con las neurociencias; la hermenéutica contemporánea (Ricoeur, 1965) ha valorado el psicoanálisis como arte interpretativo más que como ciencia natural; y los estudios sobre trauma han reconocido deudas con las formulaciones freudianas sobre la represión y el retorno de lo reprimido, aun cuando las reformulan en marcos empíricos actuales (van der Kolk, 2014).

En el ámbito de la educación de la primera infancia, la influencia freudiana ha sido mediada por figuras como Anna Freud, Melanie Klein, Donald Winnicott y René Spitz, cuyas contribuciones al estudio del desarrollo temprano, el apego y la función materna han dejado huellas duraderas en la pedagogía de la infancia temprana. Aunque las Bases Curriculares de la Educación Parvularia en Chile (MINEDUC, 2018) no se fundan en el psicoanálisis, conceptos como la importancia del vínculo, la construcción de la subjetividad en la interacción con figuras significativas, y la atención a las dimensiones no cognitivas del aprendizaje conservan ecos de esta tradición. Una lectura crítica de Freud, en este sentido, no implica su descarte integral, sino la capacidad de discriminar aquellos aportes que resisten el escrutinio contemporáneo de aquellos que deben ser abandonados.

Entre las limitaciones de esta revisión cabe mencionar su carácter narrativo, que no permite cuantificar la magnitud de las tendencias identificadas, así como la predominancia de fuentes en inglés y francés, lo que podría introducir sesgos de selección respecto de tradiciones críticas iberoamericanas menos visibilizadas. Futuras investigaciones podrían avanzar mediante revisiones sistemáticas centradas en subáreas específicas, como la crítica neurocientífica o la recepción feminista latinoamericana del psicoanálisis.

Conclusiones

La pregunta provocadora que abrió este artículo -¿Por qué todos odian a Freud?- admite, tras el recorrido realizado, una respuesta matizada. Más que un odio generalizado, lo que se observa es una saturación crítica producida por la confluencia de al menos tres grandes vertientes: la objeción epistemológica respecto de la cientificidad del psicoanálisis, la contextualización histórica que desmonta sus pretensiones de universalidad, y la crítica feminista que denuncia sus sesgos patriarcales. Estas críticas no son equivalentes ni necesariamente compatibles entre sí, pero comparten un gesto común: el distanciamiento respecto del Freud mitificado del siglo XX.

Lejos de representar un problema, esta saturación crítica constituye una oportunidad intelectual. Permite leer a Freud como un pensador históricamente situado, cuya obra puede ser interrogada con las herramientas conceptuales de nuestro tiempo sin necesidad de adhesión ni de rechazo totalizantes. Para campos aplicados como la educación parvularia, esta actitud crítica resulta especialmente fecunda: facilita incorporar los aportes persistentes de la tradición psicoanalítica al estudio del vínculo y el desarrollo emocional temprano, al tiempo que mantiene vigilancia epistemológica frente a sus componentes más problemáticos.

En definitiva, si hay algo que la historia reciente del pensamiento muestra, es que no se trata tanto de odiar o amar a Freud, sino de aprender a leerlo con la distancia crítica que merece todo clásico controvertido de las ciencias humanas.

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