DOI: https://doi.org/10.63862/rhs-v1n3-209-227-2026

La tarea pastoral en tiempos de crisis: Una propuesta teológica contextual desde la experiencia de las Iglesias Bautistas de Atacama, Chile

Carlos José Díaz Piñero

Seminario Teológico Bautista de Chile

carlosdiazpinero74@gmail.com

https://orcid.org/0009-0002-8801-9306

Chile

Recibido: 2026-07-07

Aceptado: 2026-07-15

Publicado: 2026-07-20

Resumen

La pandemia provocada por el SARS-CoV-2 representó uno de los mayores desafíos contemporáneos para la misión y la práctica pastoral de la Iglesia. Las restricciones sanitarias transformaron profundamente las formas tradicionales de culto, discipulado, acompañamiento espiritual y servicio comunitario, obligando a las iglesias a replantear su comprensión del ministerio pastoral. El presente estudio tuvo como objetivo formular una propuesta teológica sobre la tarea pastoral a partir de la experiencia de los pastores de las iglesias pertenecientes a la Asociación de Iglesias Bautistas de Atacama, Chile. Se desarrolló una investigación con enfoque mixto, de alcance descriptivo y diseño no experimental, utilizando cuestionarios con preguntas abiertas y cerradas dirigidos a pastores y miembros representativos de las congregaciones. Los resultados evidencian que una parte importante de los participantes continúa comprendiendo la pastoral principalmente como una función exclusiva del pastor ordenado, limitando el potencial ministerial de la comunidad de creyentes. En contraste, la evidencia bíblica y la literatura contemporánea sostienen una comprensión de la pastoral como responsabilidad compartida del cuerpo de Cristo, fundamentada en el sacerdocio universal de los creyentes y orientada al cuidado integral de las personas. Se concluye que las crisis constituyen oportunidades para redescubrir una eclesiología misional, fortalecer el discipulado y consolidar una pastoral contextual, relacional y digitalmente competente, capaz de responder a escenarios sociales complejos sin perder su fundamento cristocéntrico.

Palabras clave: teología pastoral; iglesia; misión; pandemia; cuidado pastoral; eclesiología; discipulado.

Pastoral ministry in times of crisis: A contextual theological proposal based on the experience of Baptist Churches in Atacama, Chile

Abstract

The COVID-19 pandemic represented one of the greatest contemporary challenges for the Church's mission and pastoral ministry. Health restrictions profoundly transformed traditional forms of worship, discipleship, pastoral care, and community service, compelling churches to rethink their understanding of pastoral ministry. This study aimed to formulate a theological proposal regarding pastoral ministry based on the experience of pastors from the Association of Baptist Churches of Atacama, Chile. A mixed-methods, descriptive, non-experimental design was employed using questionnaires containing both open-ended and closed questions administered to pastors and representative church members. Findings reveal that many participants continue to understand pastoral ministry primarily as the exclusive responsibility of ordained ministers, thereby limiting the ministry of the entire Christian community. Conversely, biblical evidence and contemporary theological literature support a broader understanding of pastoral ministry as the shared responsibility of the whole body of Christ, grounded in the priesthood of all believers and oriented toward holistic care. The study concludes that crises offer opportunities to rediscover a missional ecclesiology, strengthen discipleship, and develop a contextual, relational, and digitally competent pastoral ministry capable of responding faithfully to contemporary social challenges.

Keywords: pastoral theology; church; mission; pastoral care; discipleship; COVID-19; ecclesiology.

Introducción

La pandemia por COVID-19 marcó un punto de inflexión para la vida de las iglesias cristianas alrededor del mundo. Más allá de constituir una emergencia sanitaria, representó un fenómeno social, cultural y espiritual que obligó a replantear múltiples dimensiones del ministerio pastoral. Las restricciones de movilidad, el aislamiento físico, el incremento del sufrimiento emocional, la incertidumbre económica y el duelo colectivo desafiaron las formas tradicionales mediante las cuales las comunidades cristianas habían entendido históricamente el cuidado pastoral.

En América Latina, donde la vida eclesial ha estado fuertemente vinculada a la presencialidad, la pandemia aceleró procesos de transformación que probablemente habrían requerido décadas para consolidarse. Congregaciones pequeñas y grandes debieron incorporar tecnologías digitales, rediseñar estrategias de discipulado, reorganizar redes de ayuda social y redefinir la manera en que comprendían la presencia pastoral. Esta realidad puso de manifiesto tanto fortalezas como debilidades de las iglesias locales y evidenció la necesidad de revisar críticamente los fundamentos teológicos que sustentan la praxis pastoral.

La teología pastoral ha insistido históricamente en que el ministerio cristiano no puede reducirse al ejercicio profesional del pastor, sino que constituye una dimensión esencial de la identidad de toda la comunidad creyente. Desde la perspectiva del Nuevo Testamento, la Iglesia es presentada como el cuerpo de Cristo, donde cada miembro participa activamente en la edificación mutua mediante los dones otorgados por el Espíritu Santo (Ef 4:11–16; 1 Co 12). En consecuencia, el cuidado pastoral trasciende la figura del ministro ordenado para convertirse en una vocación compartida por todo el pueblo de Dios.

La literatura reciente ha reforzado esta comprensión al señalar que las crisis contemporáneas exigen modelos pastorales caracterizados por la flexibilidad, la interdisciplinariedad y la capacidad de responder contextualmente a nuevas formas de vulnerabilidad. La pandemia evidenció que la misión de la Iglesia no depende exclusivamente de sus edificios, programas o estructuras organizacionales, sino de la capacidad de encarnar el evangelio mediante relaciones de cuidado, servicio y esperanza en medio del sufrimiento humano.

En este contexto surge la necesidad de reflexionar sobre la experiencia de las iglesias bautistas de la Región de Atacama, Chile, cuyas comunidades enfrentaron desafíos semejantes a los vividos por numerosas iglesias latinoamericanas. El estudio parte de la convicción de que la experiencia pastoral desarrollada durante la pandemia constituye un espacio privilegiado para repensar la naturaleza de la pastoral, fortalecer la misión eclesial y proponer orientaciones teológicas aplicables a futuros escenarios de crisis.

El objetivo de este artículo es formular una propuesta teológica sobre la tarea pastoral a partir del análisis de la experiencia de los pastores bautistas de Atacama, integrando los hallazgos empíricos de la investigación con los aportes de la teología pastoral contemporánea, la eclesiología bíblica y la reflexión misional. De este modo, se busca contribuir tanto al desarrollo académico de la teología pastoral como a la renovación práctica del ministerio de las iglesias locales.

Estado del arte

La teología pastoral frente a los escenarios de crisis

La historia de la Iglesia demuestra que los períodos de crisis han funcionado como catalizadores para la renovación teológica y ministerial. Desde las persecuciones de los primeros siglos hasta las epidemias medievales y las guerras mundiales, la comunidad cristiana se ha visto obligada a reinterpretar su misión a la luz de contextos cambiantes. En este sentido, la pandemia por COVID-19 no constituyó una excepción, sino una expresión contemporánea de un desafío recurrente para la fe cristiana: anunciar esperanza y ejercer cuidado en medio del sufrimiento humano.

La teología pastoral contemporánea sostiene que el ministerio cristiano no puede comprenderse únicamente como una actividad eclesiástica interna. Root (2022) argumenta que la tarea pastoral debe centrarse en la presencia encarnacional de Cristo en medio de la experiencia humana, especialmente allí donde aparecen el dolor, la incertidumbre y la vulnerabilidad. Desde esta perspectiva, la pandemia no solo modificó las formas de ejercer la pastoral, sino que obligó a replantear su esencia.

Asimismo, Lartey (2020) enfatiza que la pastoral debe ser contextual, intercultural y capaz de responder a las complejidades sociales contemporáneas. Esto implica reconocer que los desafíos espirituales de una comunidad no pueden separarse de sus realidades económicas, emocionales, familiares y culturales. Durante la pandemia, las iglesias enfrentaron simultáneamente problemáticas relacionadas con la salud mental, el desempleo, la soledad, la violencia intrafamiliar y el duelo, exigiendo respuestas pastorales integrales.

En este marco, la teología pastoral deja de ser una disciplina exclusivamente reflexiva para convertirse en una praxis orientada al acompañamiento transformador de las personas y comunidades. Tal como señala Doehring (2019), el cuidado pastoral auténtico busca ayudar a las personas a interpretar sus experiencias a la luz de la acción redentora de Dios, promoviendo resiliencia, esperanza y reconstrucción de sentido.

La pandemia y la transformación de la práctica eclesial

Diversas investigaciones desarrolladas después de 2020 coinciden en que la pandemia aceleró procesos de cambio que ya estaban presentes en la vida de las iglesias. El uso de plataformas digitales para la adoración, la enseñanza bíblica y el acompañamiento pastoral dejó de ser una práctica marginal para convertirse en una necesidad ministerial.

Algunos estudios evidencian que muchas congregaciones experimentaron una ampliación inesperada de su alcance misionero mediante los medios digitales. Personas que nunca habían participado presencialmente comenzaron a integrarse a actividades eclesiales a través de transmisiones en línea, grupos virtuales de oración y espacios de discipulado digital. Sin embargo, también surgieron tensiones relacionadas con la superficialidad de las relaciones virtuales, la exclusión tecnológica de algunos sectores y la dificultad para sostener comunidades auténticas sin contacto físico.

Estas transformaciones revelaron una realidad fundamental: la Iglesia no se define por un espacio físico, sino por una comunidad reunida alrededor de Cristo y enviada al mundo en misión. La pandemia obligó a recordar una verdad frecuentemente olvidada: el templo es importante, pero la Iglesia existe allí donde los creyentes viven y testifican el evangelio.

Desde una perspectiva eclesiológica, esta experiencia contribuyó a fortalecer modelos de iglesia misional que entienden la misión no como una actividad adicional, sino como la razón misma de la existencia de la comunidad cristiana. La crisis sanitaria mostró que las iglesias más resilientes fueron aquellas que lograron mantener relaciones significativas, estructuras flexibles y una comprensión compartida de la misión.

Fundamentos bíblicos de la tarea pastoral

La metáfora del pastor ocupa un lugar central en la revelación bíblica. En el Antiguo Testamento, Dios es presentado como el Pastor de Israel (Sal 23; Is 40:11), mientras que los líderes del pueblo son llamados a ejercer un cuidado semejante. Los profetas denunciaron repetidamente a los pastores que descuidaban al rebaño y anunciaron la llegada de un Pastor definitivo que reuniría a las ovejas dispersas (Ez 34).

En el Nuevo Testamento, Jesucristo se identifica como el Buen Pastor que da su vida por las ovejas (Jn 10:11). Esta declaración constituye el fundamento cristológico de toda reflexión pastoral. El modelo de liderazgo de Jesús no se basa en el poder o la autoridad jerárquica, sino en el servicio sacrificial, la compasión y la entrega.

La práctica ministerial de Jesús revela varias dimensiones fundamentales del cuidado pastoral:

La iglesia apostólica continuó este modelo. Efesios 4:11–13 enseña que los ministerios existen para capacitar a los santos para la obra del ministerio. Este pasaje resulta especialmente relevante porque desplaza el énfasis desde el liderazgo profesional hacia la participación activa de toda la comunidad.

En consecuencia, la pastoral no puede reducirse a una función exclusiva del pastor ordenado. El Nuevo Testamento presenta una visión comunitaria donde todos los creyentes participan del cuidado mutuo mediante los dones recibidos del Espíritu Santo.

El sacerdocio universal y la pastoral comunitaria

Uno de los aportes más significativos de la Reforma Protestante fue la recuperación de la doctrina del sacerdocio universal de los creyentes. Según esta enseñanza, todos los cristianos tienen acceso directo a Dios mediante Cristo y participan activamente en la misión de la Iglesia.

Esta perspectiva posee profundas implicaciones pastorales. Si todos los creyentes forman parte del sacerdocio espiritual, entonces todos son llamados a ejercer ministerios de cuidado, servicio y acompañamiento. La tarea pastoral deja de ser monopolio de unos pocos para convertirse en una responsabilidad compartida.

Pérez Millos (2018) señala que la iglesia saludable es aquella donde cada miembro comprende su identidad ministerial y utiliza sus dones para la edificación del cuerpo de Cristo. De manera semejante, Pagán (2020) enfatiza que el liderazgo cristiano debe orientarse a equipar a otros para el servicio y no simplemente a concentrar funciones en una sola persona.

La experiencia de la pandemia puso de manifiesto la necesidad de recuperar esta dimensión comunitaria. Allí donde los miembros asumieron activamente responsabilidades pastorales, las iglesias lograron responder de manera más efectiva a las demandas espirituales y sociales del contexto.

Hacia una pastoral integral

La literatura contemporánea coincide en que la pastoral debe adoptar una comprensión holística de la persona humana. El ser humano no puede fragmentarse en dimensiones aisladas; por el contrario, las necesidades espirituales, emocionales, sociales y físicas se encuentran profundamente interrelacionadas.

Desde esta perspectiva, la pastoral integral implica:

La pandemia evidenció la necesidad de esta mirada amplia. Muchas personas no solo requerían orientación espiritual, sino también ayuda material, acompañamiento psicológico y redes de apoyo comunitario.

Por ello, la pastoral del siglo XXI requiere una visión interdisciplinaria capaz de dialogar con las ciencias sociales, la educación, la salud mental y el desarrollo humano, sin perder su fundamento bíblico y teológico.

Metodología

La presente investigación se desarrolló desde un enfoque mixto, integrando procedimientos cuantitativos y cualitativos para comprender la percepción de la tarea pastoral en el contexto de la pandemia por COVID-19 y formular una propuesta teológica contextualizada para las iglesias de la Asociación de Iglesias Bautistas de Atacama, Chile.

El estudio posee un alcance descriptivo y un diseño no experimental de corte transversal. La elección de este diseño respondió al interés por analizar una realidad específica ya ocurrida, sin manipulación de variables, considerando las experiencias vividas por pastores y miembros de iglesias durante el período comprendido entre los años 2020 y 2022.

La población estuvo constituida por pastores pertenecientes a las iglesias de la Asociación de Iglesias Bautistas de Atacama y por miembros representativos de las congregaciones participantes. La selección de los informantes respondió a criterios de experiencia ministerial, participación activa en la vida eclesial y conocimiento directo de los desafíos pastorales enfrentados durante la pandemia.

Resultados

El análisis de la información obtenida permitió identificar patrones consistentes en la comprensión y ejercicio de la tarea pastoral durante el período de pandemia. Los hallazgos evidencian que la emergencia sanitaria no solo modificó las estrategias ministeriales, sino que también puso en tensión las concepciones teológicas que sustentaban la práctica pastoral de las iglesias participantes.

Comprensión de la tarea pastoral

Uno de los hallazgos más relevantes fue la persistencia de una comprensión tradicional de la pastoral, centrada principalmente en la figura del pastor ordenado. Una proporción significativa de los participantes identificó la tarea pastoral con actividades propias del ministro, tales como la predicación, la administración de los sacramentos, la visita pastoral y la dirección de los cultos.

Esta percepción refleja una visión funcional del ministerio, donde el cuidado espiritual depende fundamentalmente del liderazgo pastoral. Sin embargo, también emergieron respuestas que evidenciaron una comprensión más amplia, considerando la pastoral como una responsabilidad compartida entre todos los creyentes, especialmente durante los períodos de confinamiento, cuando numerosos miembros asumieron funciones de acompañamiento, discipulado y apoyo comunitario.

Estos resultados muestran la coexistencia de dos modelos eclesiológicos: uno de carácter clerical, centrado en el liderazgo del pastor, y otro de carácter comunitario, fundamentado en la corresponsabilidad ministerial del cuerpo de Cristo.

Estrategias pastorales implementadas durante la pandemia

Las iglesias desarrollaron múltiples estrategias para mantener la continuidad de su misión en medio de las restricciones sanitarias. Entre las acciones más frecuentes destacaron:

Estas iniciativas permitieron mantener el vínculo comunitario y responder parcialmente a las necesidades espirituales y emocionales de las congregaciones.

No obstante, varios participantes manifestaron dificultades relacionadas con el acceso desigual a las tecnologías digitales, la disminución de la participación congregacional y el agotamiento experimentado por los equipos pastorales.

Percepción del impacto pastoral

Los testimonios recogidos reflejan que la pandemia produjo efectos ambivalentes en la vida de las iglesias.

Entre los aspectos positivos destacan:

Entre los aspectos negativos se identificaron:

Estos resultados muestran que la pandemia actuó simultáneamente como factor de crisis y como oportunidad para la innovación ministerial.

Discusión

Los hallazgos obtenidos permiten dialogar con la literatura contemporánea sobre teología pastoral y eclesiología misional.

La primera observación relevante consiste en que la pandemia evidenció la insuficiencia de modelos pastorales excesivamente dependientes del liderazgo individual. Cuando las restricciones sanitarias limitaron la presencialidad, muchas iglesias experimentaron dificultades para sostener el acompañamiento espiritual debido a que gran parte de las responsabilidades recaían exclusivamente sobre el pastor.

Este fenómeno confirma lo señalado por diversos autores contemporáneos, quienes sostienen que el ministerio pastoral debe comprenderse como una función distribuida dentro del cuerpo de Cristo y no únicamente como una actividad profesional ejercida por ministros ordenados.

Desde la perspectiva del Nuevo Testamento, la edificación de la Iglesia ocurre mediante la participación activa de todos los creyentes (Ef. 4:11–16; 1 Co 12). En consecuencia, las crisis revelan con mayor claridad las limitaciones de estructuras excesivamente centralizadas y resaltan la importancia del discipulado como proceso permanente de formación ministerial.

Por otra parte, la rápida incorporación de tecnologías digitales mostró que la misión de la Iglesia puede desarrollarse eficazmente en espacios no tradicionales. La virtualidad, lejos de reemplazar la comunión presencial, se consolidó como un recurso complementario para extender el cuidado pastoral y mantener procesos de formación espiritual.

Sin embargo, la investigación también confirma que la tecnología constituye únicamente un medio y nunca el fundamento de la pastoral. El elemento esencial continúa siendo la presencia cristiana entendida como acompañamiento, escucha, servicio y testimonio del amor de Dios.

Los resultados permiten afirmar que las iglesias que mejor enfrentaron la crisis fueron aquellas que lograron movilizar a toda la comunidad hacia el ejercicio compartido del cuidado pastoral. En estos casos, la figura del pastor dejó de ser el único responsable del ministerio para convertirse en un capacitador de líderes y facilitador de la misión congregacional.

Desde esta perspectiva, la pandemia actuó como un laboratorio eclesiológico que permitió redescubrir principios bíblicos frecuentemente relegados por modelos organizacionales excesivamente institucionalizados.

Propuesta teológica para una pastoral contextual

A partir de los resultados de la investigación y del diálogo con la literatura especializada, se propone un modelo de tarea pastoral sustentado en cinco principios teológicos.

Toda acción ministerial encuentra su fundamento en la persona y obra de Jesucristo, el Buen Pastor. La pastoral no consiste simplemente en administrar actividades eclesiales, sino en prolongar la presencia compasiva de Cristo en medio del sufrimiento humano.

La tarea pastoral pertenece a toda la Iglesia. El ministerio ordenado tiene la responsabilidad de equipar, acompañar y formar discípulos capaces de ejercer el cuidado mutuo conforme a sus dones espirituales.

La misión pastoral debe atender simultáneamente las dimensiones espiritual, emocional, familiar, social y comunitaria de la persona, evitando reduccionismos exclusivamente religiosos.

Cada comunidad debe discernir continuamente las características culturales y sociales de su entorno para responder fielmente a las necesidades emergentes sin alterar el contenido del Evangelio.

La Iglesia no existe únicamente para cuidar a sus miembros, sino para participar activamente en la misión de Dios hacia el mundo. El cuidado pastoral encuentra su plenitud cuando conduce a la formación de discípulos comprometidos con el Reino de Dios.

Implicaciones para las iglesias bautistas chilenas

Los resultados de esta investigación permiten proponer diversas orientaciones para fortalecer el ministerio pastoral en las iglesias bautistas de Chile.

En primer lugar, resulta indispensable fortalecer procesos sistemáticos de formación teológica dirigidos tanto a pastores como a líderes laicos, favoreciendo una comprensión bíblica de la pastoral como responsabilidad compartida.

En segundo lugar, las iglesias necesitan consolidar modelos permanentes de discipulado que permitan desarrollar nuevos liderazgos capaces de acompañar espiritualmente a otros creyentes.

Asimismo, resulta conveniente integrar de manera estable herramientas digitales en la planificación ministerial, no como respuesta excepcional a futuras crisis, sino como parte de una estrategia misional permanente.

Finalmente, la experiencia de la pandemia demuestra que la Iglesia debe prepararse para responder pastoralmente a escenarios complejos caracterizados por emergencias sanitarias, desastres naturales, conflictos sociales y transformaciones culturales aceleradas.

Conclusiones

La presente investigación tuvo como propósito formular una propuesta teológica sobre la tarea pastoral a partir de la experiencia de las iglesias pertenecientes a la Asociación de Iglesias Bautistas de Atacama durante la pandemia por COVID-19. Los resultados obtenidos permiten afirmar que la crisis sanitaria no solo representó un desafío operativo para las congregaciones, sino que constituyó una oportunidad para revisar críticamente los fundamentos bíblicos, teológicos y eclesiológicos que sustentan la práctica pastoral contemporánea.

En primer lugar, la investigación evidencia que persiste una comprensión reduccionista de la tarea pastoral, asociada predominantemente al ministerio exclusivo del pastor ordenado. Esta percepción limita el desarrollo de una eclesiología participativa y dificulta la movilización del potencial ministerial del conjunto de los creyentes. La evidencia empírica recogida durante el estudio confirma que, en numerosos casos, la continuidad del acompañamiento espiritual dependió excesivamente de la capacidad individual del pastor para responder a las crecientes demandas generadas por la pandemia. Esta realidad pone de manifiesto la necesidad de recuperar una comprensión bíblica del ministerio, en la cual la iglesia sea reconocida como una comunidad de discípulos llamados a ejercer mutuamente el cuidado pastoral bajo el señorío de Jesucristo.

En segundo lugar, los resultados demuestran que la pandemia actuó como un catalizador de innovación ministerial. Las restricciones sanitarias impulsaron a las iglesias a incorporar recursos tecnológicos, fortalecer redes de apoyo comunitario, desarrollar nuevas estrategias de discipulado y ampliar sus espacios de evangelización. Si bien estas transformaciones surgieron inicialmente como respuestas de emergencia, terminaron revelando posibilidades permanentes para el ejercicio de una pastoral más flexible, contextual y cercana a las necesidades de la sociedad contemporánea.

Un hallazgo especialmente significativo consiste en que las congregaciones que lograron enfrentar con mayor resiliencia la crisis fueron aquellas donde el liderazgo pastoral promovió la participación activa de la comunidad de fe. La corresponsabilidad ministerial permitió distribuir las funciones de acompañamiento, fortalecer el discipulado y generar vínculos comunitarios más sólidos. Este resultado reafirma el principio neotestamentario del sacerdocio universal de los creyentes y confirma que el ministerio pastoral alcanza mayor efectividad cuando se comprende como una responsabilidad compartida dentro del cuerpo de Cristo.

Desde la perspectiva teológica, la investigación permite proponer una comprensión renovada de la tarea pastoral sustentada en cinco principios fundamentales: el cristocentrismo como fundamento del cuidado pastoral; la eclesiología participativa como expresión del sacerdocio universal de los creyentes; la integralidad del cuidado que atiende las dimensiones espiritual, emocional, familiar y social de las personas; la contextualización como capacidad permanente de discernir los desafíos culturales sin comprometer la fidelidad al Evangelio; y la misión como horizonte permanente de toda acción pastoral. Estos principios conforman un marco teológico que trasciende el contexto específico de la pandemia y ofrece orientaciones aplicables a futuras situaciones de crisis e incertidumbre.

Asimismo, el estudio confirma que la teología pastoral debe dialogar cada vez con mayor profundidad con disciplinas como la psicología, la educación, el trabajo social, la salud pública y el desarrollo humano, sin renunciar a su fundamento bíblico. Las crisis contemporáneas son fenómenos multidimensionales que requieren respuestas igualmente integrales. En consecuencia, la formación de pastores y líderes eclesiales debe incorporar competencias relacionadas con la gestión del cambio, el acompañamiento emocional, la comunicación digital, la resolución de conflictos y la intervención comunitaria, fortaleciendo así una praxis pastoral más pertinente para el siglo XXI.

Otro aporte relevante de esta investigación consiste en reafirmar que la misión de la Iglesia no depende exclusivamente de la presencialidad de sus reuniones. La pandemia puso de manifiesto que la comunidad cristiana continúa siendo Iglesia allí donde vive el Evangelio mediante relaciones de servicio, solidaridad, discipulado y esperanza. En este sentido, la virtualidad no constituye un sustituto de la comunión eclesial, sino un recurso complementario que amplía las posibilidades del cuidado pastoral y de la proclamación del Reino de Dios.

En resumen, esta investigación sostiene que las crisis no deben ser interpretadas únicamente como amenazas para la vida de la Iglesia, sino también como espacios providenciales para la renovación eclesial. A lo largo de la historia del cristianismo, los períodos de mayor dificultad han impulsado procesos de reforma, profundización doctrinal y expansión misionera. La experiencia de las iglesias bautistas de Atacama confirma esta dinámica histórica, mostrando que el sufrimiento colectivo puede convertirse en una oportunidad para redescubrir la esencia del ministerio cristiano y fortalecer el compromiso con la misión de Dios.

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Declaraciones finales

Conflicto de intereses: El autor declara que no existe conflicto de interés posible.

Financiamiento: No existió asistencia financiera de partes externas al presente artículo.

Agradecimiento: NA.

Nota editorial: El artículo no es producto de una publicación anterior.